La madera de castaño de Asturias compone su fachada, que se asienta en una estructura patrimonial procedente de una antigua fábrica, salvada ahora de ser demolida. Las placas solares abastecen de energía sus actividades y la regulación de la temperatura de sus instalaciones, habilitadas para albergar eventos culturales, educativos y empresariales, corre a cargo de un sistema de aerotermia, sostenible y de alta eficiencia. Esta podría ser una breve descripción del edificio Infinito Delicias, en Madrid.
Abrió sus puertas al público por primera vez el pasado 13 de diciembre de la mano de la Fundación Daniel y Nina Carasso con objetivos centrados en la promoción de las artes, la gastronomía y la innovación social y económica. En palabras de su director Francesco Cingolani, se trata de “un entorno no controlado y abierto que permite que sucedan cosas”. Todo ello ocurre en un barrio, muy próximo a Atocha, que está en movimiento, invitando cada vez más a empresas y asociaciones a participar en su ecosistema.
Sus promotores lo definen como un tercer lugar, de acuerdo al concepto del sociólogo Ray Oldenburg, un contexto en el que las personas pueden reunirse, aprender y crear conexiones y que es diferente del hogar y el trabajo. Infinito Delicias funciona sin reglas rígidas, un lugar concebido para la convivencia y la consolidación de una comunidad dinámica y participativa, muy vinculada a la cultura y la transición ecológica.
Es más, su propia concepción, enmarcada en los valores de la Nueva Bauhaus Europea, nace a partir de la rehabilitación de las antiguas instalaciones de una fábrica, que iba a ser demolida para construir viviendas. El diseño energético del edificio resulta esencial siendo la vegetación uno de los reguladores de la temperatura, junto a, por supuesto, su sistema de aerotermia.
Se reparten diversos huertos entre el patio interior, la cubierta y la fachada, que también disponen de bebederos de agua para pájaros. Toda la propuesta arquitectónica de los estudios Elii y Husos se alinea con la programación de actividades que ofrece el centro del barrio de las Delicias: coworking para empresas, exposiciones culturales y cursos formativos.
Así se entabla un fuerte vínculo entre biomateriales, sobre todo madera y corcho, el ecosistema natural, artistas, cocineros y profesionales de la innovación y la tecnología, que resulta perceptible en sus más de 2.700 metros cuadrados, ya comenzando desde la fachada entendida como una invitación al balcón madrileño de toda la vida, que integra redes vistas, parasoles y jardineras.






