¿Quién podría pensar que un silo de grano abandonado podría transformarse en una puntera galería de arte moderno? Ya no es una hipótesis ni tampoco una fantasía; se trata de Kunstsilo, que cuenta con una colección de más de 5.500 obras de arte moderno en la ciudad de Kristiansand (Noruega).
La resignificación de esta estructura industrial, que data de entre los años 1930 y 1935, tiene sello español, los estudios barceloneses Mestres Wåge, Mendoza Partida y BAX Studio. Son ellos los que, tras ganar un concurso internacional en 2016, han sabido poner en valor la belleza del hormigón.
Desde la apertura de la galería el año pasado, este material ha quedado visible y en armonía con el patrimonio artístico, como esculturas monumentales, muestras de minimalismo escandinavo e instalaciones inmersivas. Este proyecto ha contado con el esqueleto del antiguo silo como base, al que se han sumado varias construcciones satélite.
Junto al puerto, el complejo final tiene más de ocho mil metros cuadrados y 21 metros de altura, que refugian 25 salas expositivas, una librería, una cafetería y un auditorio. Ciertamente, el reciclaje de la estructura central responde a la actual emergencia de regeneración urbana y al reacondicionamiento de elementos patrimoniales de importante valor, labores alineadas con los objetivos de la iniciativa Nueva Bauhaus de la Comisión Europea.
Así, los obradores de la galería han sido reconocidos con el Premio Arquitectura Española del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España en 2025. En su valoración final, el jurado de estos galardones expusó: “El edificio Kunstsilo es el fruto de un ejercicio de arquitectura sumamente delicada. Ha sabido comprender el comportamiento de los volúmenes de hormigón para infundirles un alma nueva de escala catedralicia”.
Entre los aspectos principales de la obra, cuyo presupuesto ha ascendido a 61 millones de euros, destacan el recorte de algunos de los 30 depósitos cilíndricos, que, en su origen, fueron almacenes de cereales. Actualmente, albergan espacios expositivos y escaleras que permiten recorrer las distintas plantas de la galería, tanto con luz natural como artificial. Su mantenimiento favorece la sensación de estar en una cavidad o gruta, en la que el visitante se siente envuelto, que también fomenta el empleo de la madera.
La galería de arte ha posicionado a Kristiansand en un nuevo foco de difusión de la cultura en el país, junto a otros más conocidos como la capital, Oslo y Bergen. Asimismo, y aunque el espacio se organiza en torno a la colección privada Tangen, se percibe como una oportunidad para seguir construyendo el tejido social y aumentar la participación ciudadana en el ámbito artístico. Por ejemplo, a través de actividades de teatro, gracias a la integración de la Ópera de Kilden, y a la escuela de arte.