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Una segunda vida para la lana de oveja en edificios sostenibles: Así es LanaTerra

“¿Imaginas tu casa hecha de lana y de tierra? ¡Nosotros también!” Esta es la presentación que Edra Arquitectura km0, en Ayerbe (Aragón), hace del nuevo material de construcción al que ha dado a luz. Se define como un recurso sostenible, cero emisiones y de calidad, y recibe el nombre de LanaTerra.

La iniciativa viene de la mano de la arquitecta Àngels Castellarnau, en su inquietud por encauzar el diseño hacia la innovación y la economía circular, lo que finalmente se ha alcanzado gracias a un matrimonio comprometido con la ganadería ovina.

La circularidad y el reciclaje comienza en el propio material ‘origen’. Y es que, la lana de oveja se ha convertido en los últimos años en un producto marginal, debido a la aparición de fibras sintéticas más económicas que la han desplazado en la industria textil.

¿Y si tiene propiedades óptimas para ser empleada en otros sectores? Precisamente, se trata de un aislante único, por su capacidad natural para mantener el calor en invierno y proteger contra él en verano. Asimismo, la lana destaca por su capacidad de absorción acústica, y también de posibles humedades.

El estudio de arquitectura de Castellarnau, en Teruel, se ha convertido en un auténtico laboratorio para probar la funcionalidad y eficiencia de la lana como recurso constructivo en edificios ecológicos y sostenibles, alineados con los valores de la iniciativa New European Bauhaus de la Comisión Europea.

Es más, la labor de los profesionales que lo conforman ha ido un paso más allá, llevando a cabo el rescate y preservación de un material de la arquitectura vernácula europea, especialmente en las regiones más frías, como Suiza o Austria, y Escocia o Gales en Reino Unido. En España, era característica de Los Pirineos, la Cordillera Cantábrica, la Sierra de Guadarrama y las áreas pastoriles de Castilla y León, Extremadura e incluso La Mancha.

Y es que, tanto en las casas de campo, como en castillos y casas señoriales, ya desde la Edad Media, la lana podía colocarse entre capas de muro de piedra para reforzar el aislamiento térmico; también se alcanzaba este objetivo a través de tapices y cortinas.

En palabras del catedrático Juan Herreros, de la Universidad Politécnica de Madrid, “la verdadera innovación no radica en inventar lo nuevo, sino en redescubrir lo antiguo y hacerlo relevante para nuestro tiempo”. O, en este caso, encontrar una nueva aplicación para un bien preciado, que conecta la tradición con nuestro presente; indirectamente, de esta manera se fomenta el sentido de pertenencia, así como la conservación de la riqueza de la herencia cultural.

El potencial de la lana también radica en que es un recurso industrializable y ligero, que se puede combinar con otros ecológicos que ya tienen un fuerte impacto y popularidad en el sector de la arquitectura, como es el caso de la madera, que cuenta con un fuerte compromiso con las comunidades rurales.

Esta filosofía encaja a LanaTerra en la Directiva Europea sobre la Descabornización de la Construcción para 2050, con la que la Unión Europea busca una reducción significativa de las emisiones de carbono por parte de los edificios y otros elementos de los entornos construidos.

Dicho objetivo es posible, entre otras medidas, a través de la rehabilitación energética y la renovación de antiguas obras mediante el aprovechamiento de energías limpias, y elementos naturales: La madera, el corcho, la lana, la tierra, y un largo etcétera.

Curiosamente, la artífice del biomaterial protagonista en este reportaje, Àngels Castellarnau, apostó en su propia vivienda por esta vía de sostenibilidad real. La “vivienda de tapial” se sitúa en la localidad de Ayerbe, a 28 kilómetros de Huesca, y ganó el Terra Award 2016, el premio internacional de Arquitectura Contemporánea que reconoce las obras hechas con tierra cruda. ¿Su composición? Paja, piedra y, por supuesto, tierra, que representan el 80% de su peso, un auténtico ejemplo que ya es una realidad fuera de plano.

Otras muestras del uso de la lana también están siendo visibles gracias al trabajo de profesionales como Regina Dejiménez, para la que resulta “un recurso natural imprescindible” en su armario, su casa y su estudio, de acuerdo con una entrevista concedida a Expansión.

Combina la arquitectura y la artesanía, puesto que es además licenciada en Bellas Artes, en instalaciones, tapices, murales y esculturas, en las que este material “le permite combinar finura y contundencia (…), naturaleza, sofisticación, resistencia y cuidado”.