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La creatividad de la arquitectura con sello español revitaliza un barrio de Bruselas

El proyecto que abordamos hoy propone la acupuntura urbana como estrategia para revitalizar el entorno ambiental y social mediante intervenciones que fomentan la densificación sostenible, la cohabitación y la reutilización de materiales. Esta iniciativa está liderada por la arquitecta española Ana Castillo y el arquitecto belga Lieven De Groote, directores del estudio MAKER architecten con sede en Gante (Bélgica).

Su objetivo ha consistido en transformar un barrio de la ciudad de Kortrijk mediante la combinación de dos valores NEB: Sostenibilidad, a través de una propuesta de vivienda circular, e Inclusión, mediante actividades de participación vecinal e integración comunitaria.

Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es que replantea cómo intervenir en los tejidos urbanos del barrio sin recurrir a la demolición masiva ni borrar su memoria social y material. Frente a modelos urbanos tradicionales que apostaban por la sustitución total, estos profesionales buscan intervenir de manera precisa y sensible sobre las estructuras existentes, reforzando las relaciones comunitarias y el valor del patrimonio vernáculo.

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La actuación se sitúa en un barrio cuyo concepto original de ciudad jardín se había ido perdiendo con el tiempo. Muchos de los jardines privados habían sido ocupados por garajes y ampliaciones traseras ciegas, rompiendo la conexión entre las viviendas y el interior de la manzana. El proyecto invierte esta lógica y convierte las fachadas traseras en nuevos frentes activos, recuperando el espacio como lugar de encuentro y convivencia.

La intervención ha sido capaz de reorganizar siete parcelas en tres nuevos volúmenes residenciales, incrementando la densidad habitacional de 16 a 31 viviendas. Este desarrollo se realiza mediante una combinación diversa de tipologías y espacios compartidos en planta baja, diseñados para fomentar la interacción vecinal y fortalecer la cohesión social.

También destaca la implementación del concepto de «vivienda canguro”, que responde a los cambios en la demografía y modelos familiares contemporáneos. Las nuevas unidades habitacionales permiten configuraciones flexibles que facilitan la convivencia intergeneracional, el teletrabajo y los cambios de uso de los espacios, facilitando que los residentes puedan adaptar sus hogares sin necesidad de abandonar el barrio.

Por su parte, la construcción ecológica constituye otro de los pilares fundamentales de la propuesta. Los ladrillos y tejas originales de las viviendas, que datan del año 1924, fueron recuperados y reutilizados in situ tras un proceso de clasificación y testeo. Los materiales que no cumplían las exigencias estructurales se reutilizaron en gaviones destinados a delimitar parcelas, desarrollados además con el apoyo de un taller protegido. Asimismo, y para garantizar la futura reutilización de los nuevos ladrillos, el estudio de arquitectura seleccionó un mortero híbrido capaz de facilitar el desmontaje al final de la vida útil del edificio.

Durante todo este proceso de regeneración urbana, la participación vecinal tuvo un papel central. Entrevistas y talleres colaborativos permitieron detectar necesidades reales de los residentes y fomentar su implicación directa. Esta metodología, que inspira los principios de la iniciativa New European Bauhaus de la Comisión Europea, ayudó a transformar tensiones previas en dinámicas de colaboración, reforzando el sentido de pertenencia y la identificación colectiva con el proyecto.

Por todos estos motivos el trabajo de Ana Castillo y Lieven De Groote ha sido reconocido con premios nacionales e internacionales. El último ha sido el galardón en la categoría Adaptabilidad de los Premios de La Casa de la Arquitectura, del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, que fue recibido por el estudio el pasado 8 de mayo.