La adaptación de las ciudades al cambio climático requiere nuevas formas de entender la relación entre el territorio, el paisaje y los recursos naturales. En este contexto, la gestión del agua se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la transformación urbana, especialmente en aquellas regiones expuestas a episodios de lluvias torrenciales, inundaciones y períodos prolongados de sequía.
En los últimos años han comenzado a adquirir protagonismo soluciones que integran la infraestructura hidráulica en el diseño de los espacios públicos. Es el caso de los parques inundables, los corredores verdes, los sistemas de drenaje sostenible y los espacios de recuperación fluvial, que ofrecen nuevas oportunidades para construir ciudades más adaptadas y también respetuosas con el medio ambiente.
Esta perspectiva conecta directamente con los principios de la New European Bauhaus, que promueve una transición basada en la combinación de belleza, calidad, sostenibilidad e inclusión. Desde esta visión, la adaptación climática no debe limitarse a resolver problemas técnicos, sino que debe contribuir a mejorar el bienestar en los espacios urbanos y la vida de quienes los habitan.
Entre los proyectos que reflejan esta manera de abordar la resiliencia hídrica se encuentran La Marjal, en Alicante, y Madrid Río, en la capital, dos actuaciones que además son finalistas de los NEB Prizes 2026 en el galardón NEB Water Resilience, y que muestran cómo el agua puede convertirse en un elemento central del diseño urbano.
La Marjal: un parque urbano para gestionar las lluvias torrenciales
En la Playa de San Juan de Alicante, el Parque Inundable La Marjal representa una intervención que combina la prevención de inundaciones con la creación de un espacio público que garantiza el contacto con la naturaleza y el bienestar para el desarrollo de actividades de ocio.
La propuesta surge como respuesta a la vulnerabilidad de dicha zona urbana, caracterizada por su escasa pendiente y por la elevada impermeabilización del suelo. Así, en episodios de lluvias intensas, la capacidad de los sistemas convencionales de drenaje resultaba insuficiente para gestionar toda el agua acumulada.
Es por eso que la solución planteada consistió en integrar un sistema de almacenamiento temporal de aguas pluviales dentro de un parque de aproximadamente 3,6 hectáreas. El recinto puede almacenar hasta 45.000 metros cúbicos, contribuyendo a reducir el riesgo de inundación en su entorno inmediato.
Asimismo, la infraestructura se encuentra conectada a la red de drenaje urbano y permite derivar el agua que, durante episodios de precipitaciones intensas, supera la capacidad de evacuación del sistema. De esta forma, el espacio público desempeña una función hidráulica esencial sin renunciar a su uso cotidiano como zona verde, que incluye vegetación de ribera, estanques e incluso una pequeña colina.
La Marjal, abierta a residentes y visitantes desde 2015, y que fue impulsada por el Ayuntamiento de Alicante y Aguas de Alicante, también contribuye a la creación de hábitats para distintas especies y al acercamiento de la ciudadanía a los mismos. Sus recorridos y espacios de interpretación ambiental permiten que la gestión del agua deje de ser una cuestión exclusivamente técnica y pase a formar parte de la experiencia cotidiana de la ciudad.
Todas estas características ponen de relieve no sólo la resiliencia climática, sino también otros aspectos esenciales como la circularidad, la protección de la biodiversidad y la promoción de la calidad del espacio público.
Madrid Río: recuperar el paisaje fluvial para regenerar la ciudad
Por su parte, en Madrid, el proyecto Madrid Río aborda la relación entre agua, paisaje e infraestructura desde una perspectiva territorial. Su origen se encuentra en la transformación de la M-30 y en el soterramiento de varios tramos de esta vía junto al río Manzanares, una actuación que permitió recuperar para el uso ciudadano espacios anteriormente dominados por el tráfico.
Desarrollado principalmente entre 2004 y 2011, dio lugar a un corredor verde de más de seis kilómetros y cerca de 150 hectáreas de espacios públicos, articulado mediante parques, jardines, itinerarios peatonales y ciclistas, áreas de juego, equipamientos deportivos y espacios de encuentro.
La recuperación de las márgenes del Manzanares supuso una transformación profunda de la relación entre la ciudad y su río. Allí donde antes predominaba una infraestructura viaria que fragmentaba el territorio, se creó un sistema de espacios verdes capaz de conectar barrios, mejorar la movilidad sostenible y reforzar la presencia de la naturaleza en el tejido urbano.
Desde la perspectiva de la resiliencia hídrica, Madrid Río incorpora diferentes estrategias relacionadas con la gestión de las aguas pluviales, la permeabilidad del suelo y la recuperación ambiental del corredor fluvial. Entre sus elementos se encuentran sistemas de retención de escorrentías, superficies vegetadas y espacios destinados a mejorar la relación entre el agua y el paisaje urbano.
La vegetación desempeña un papel esencial en esta transformación. La plantación de árboles y arbustos contribuye a generar sombra, mejorar el confort térmico y reforzar la continuidad ecológica del entorno del Manzanares. El proyecto incorpora también una extensa red de recorridos que permite acceder al río y recorrer sus márgenes mediante desplazamientos a pie o en bicicleta.
De esta forma, el proyecto no se limita a crear un parque junto al río. Propone una nueva manera de entender la ciudad, puesto que favorece la conexión entre distintos barrios y facilita el acceso a espacios verdes para una parte importante de la población y los visitantes. Al mismo tiempo, contribuye a reforzar la identidad del río como elemento estructurador del paisaje urbano, lo que encaja en el marco de la Nueva Bauhaus de la Comisión Europea.
La resiliencia hídrica como principio de diseño urbano
A modo de conclusión podríamos señalar que aunque La Marjal y Madrid Río responden a contextos y escalas diferentes, comparten una misma visión: la necesidad de integrar el agua en la planificación urbana y de superar la separación tradicional entre infraestructura, paisaje y espacio público.
Ambas iniciativas reflejan los principios de la NEB al combinar soluciones ambientales con una atención especial al diseño, la calidad espacial y las necesidades de la ciudadanía. La resiliencia hídrica se convierte así en una oportunidad para repensar el espacio urbano desde una perspectiva más amplia. No se trata únicamente de proteger las ciudades frente al agua, sino de recuperar su relación con ella y reconocer su valor como recurso ambiental, elemento paisajístico y componente esencial de la vida urbana.






