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Granada revive la poesía de Lorca con un proyecto NEB

La localidad de Santa Fe, en la comarca de la Vega de Granada, ha inaugurado una nueva etapa para uno de sus edificios históricos. El antiguo CEIP Reyes Católicos ha sido rehabilitado para convertirse en la nueva biblioteca municipal, un proyecto que va más allá de la adaptación funcional de un inmueble educativo.

Bajo el título “Donde cantan las acequias y crecen los chopos”, esta intervención reivindica la identidad agrícola y cultural del municipio, devolviendo al corazón urbano elementos que durante siglos definieron su paisaje. Ha sido diseñado por Juan Antonio Serrano García y Paloma Baquero Masats, del estudio Serrano + Baquero Arquitectos, que han tenido un objetivo claro: convertir la biblioteca en un espacio donde los autores y sus obras dialogan con el territorio, la historia y la naturaleza.

La recuperación de la identidad, el fortalecimiento del sentido de pertenencia, las características sostenibles y la búsqueda de la inclusión en las nuevas instalaciones convierten a este proyecto en un ejemplo de buenas prácticas New European Bauhaus. Asimismo, esta actuación, inaugurada en 2025, ya ha sido reconocida con un galardón en los Premios de La Casa de la Arquitectura del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana de este año.

Del asfalto a una chopera urbana

La inspiración del proyecto de Serrano y Baquero se encuentra en un célebre discurso pronunciado por Federico García Lorca en 1931 durante la inauguración de la primera biblioteca pública de su localidad natal, Fuente Vaqueros.

En ella, el poeta describió la Vega como un territorio donde “por todas partes cantan las acequias y crecen los altos chopos”. Casi un siglo después, esa evocación literaria revive y rescata la memoria de un paisaje agrícola que ha ido desapareciendo progresivamente debido al crecimiento urbano y a la transformación de los usos del suelo. La biblioteca se plantea así como un espacio cultural, pero también como una herramienta para recuperar la conexión emocional de los vecinos con su territorio.

Así, donde antes existían una pista deportiva y una zona de aparcamiento asfaltada, ahora se extiende una chopera atravesada por una acequia y presidida por una gran alberca rodeada de bancos y graderíos que permiten la lectura y el descanso.

El recorrido comienza con un canal de agua que acompaña al visitante desde la entrada principal hasta la alberca. Este elemento no solo recupera la presencia histórica de las infraestructuras hidráulicas que caracterizaron la localidad granaína, sino que introduce una experiencia sensorial basada en el sonido del agua, la vegetación y la sombra de los árboles.

La elección del chopo tampoco es casual. De acuerdo con la documentación del proyecto, la pérdida de estas formaciones arbóreas en las últimas décadas ha tenido un importante impacto ecológico y visual sobre el territorio. La nueva biblioteca incorpora así una plantación de chopos que combina valores ambientales, culturales e identitarios basados en el patrimonio cultural y la memoria de la zona.

Otros aspectos clave de la rehabilitación

En el interior, la intervención ha apostado por recuperar la claridad espacial del antiguo colegio. Se han eliminado particiones y añadidos acumulados con el paso de los años para volver a poner en valor las bóvedas y proporciones originales del inmueble.

La actuación se articula mediante una secuencia de arcos blancos que organizan los espacios de lectura y generan perspectivas cruzadas. Los grandes arcos transversales conectan visualmente las salas con la chopera y la alberca, mientras que otros de menor escala estructuran el programa interior.

El resultado es una biblioteca luminosa y permeable donde arquitectura y paisaje forman una experiencia continua. En este sentido, además, el nuevo pavimento de hormigón se prolonga desde el exterior hasta el interior, reforzando dicha sensación de continuidad y difuminando los límites tradicionales entre edificio y espacio público.

Con todas estas características, se amplía el concepto de biblioteca que, ahora, se trata de mucho más que un lugar para almacenar libros: es un punto de encuentro ciudadano, un refugio climático formado a partir de vegetación autóctona, y un recordatorio permanente de la relación entre cultura, agua y territorio que homenajea al legado lorquiano.